¿Qué pasaría si los hombres se quedaran embarazados?

Dicen que la población está envejeciendo. Los políticos piden niños, no hay más que ver la que se ha montado con el primer niño del milenio, que menuda paliza nada más nacer… Pues no es por culpa de las mujeres, nosotras ya hacemos lo que podemos, de hecho parimos, aunque tal y como está el empleo ponte a pedir bajas maternales… Por eso yo creo que si quieren que haya más niños, que los hombres también se embaracen. Auque no sé si eso solucionaría el problema, porque… ¿se imaginan lo que pasaría si los hombres se quedasen embarazados?

Por ejemplo, está claro que los hombres son unos flojos. No soportan el dolor. Así como las mujeres aguantamos casi hasta el último día yendo a trabajar, ellos, con lo quejicas que son, en el momento en que les diera positiva la prueba entrarían amarillos en el despacho del jefe con al rana tiesa en la mano:
– Mire, mire cómo estamos… Deme la baja, que ya tengo náuseas, vengo vomitando desde el laboratorio por la ventanilla.

Cuando estamos embarazadas, ellos saben que no pintan nada, pero como se empeñan en agradarnos, no paran de hacernos preguntas:
– ¿Qué tal te encuentras?
– Muy bien, estoy fenomenal.
– ¿Pero te encuentras bien de verdad?
– Sí, mi amor, ya te lo he dicho…
– Es increíble lo bien que te encuentras, ¿verdad?
– Que sí, que estoy bien… no te preocupes, no me pasa nada.
Al final eres tú la que acabas tranquilizándole a él.

Si los embarazados fuesen ellos, las respuestas serían distintas:
– Antonio, ¿qué tal estas?
– Jodido, yo creo que estoy perdiendo hasta la vista.
– Pero, ¿tan mal te encuentras?
– Fatal, me quedan dos telediarios. Vas a tener que criar a nuestro hijo tú sola.
– Es increíble lo mal que te encuentras, ¿verdad?
– Y lo que me callo, pa’ no asustarte, que la procesión va por dentro.

Total, que al final también le acabas tranquilizando tú.

Las mujeres, cuando estamos embarazadas, tenemos antojos porque se nos agudiza el sentido del olfato. Puedes oler las palomitas del cine que está en la otra manzana, o el marisco a la plancha del bar que está dos calles más abajo:
– Quiero marisco.
Y te lo trae, porque ya saben eso que dicen, que si no te conceden un antojo luego al niño le sale en el cuerpo, y claro, él no quiere que el niño nazca con cara de gamba, aunque luego sea el más gamba de su clase…

Si los hombres se quedasen embarazados sus antojos serían distintos. Con lo simples que son, se despertarían a medianoche diciendo:
– ¡Quiero una Black & Decker! ¡Necesito hacer agujeros, ya!
Y tú se la traerías, porque no te gustaría que el niño naciese con la nariz retorcida como una broca.

También cambiaría la preparación al parto. Las mujeres no tenemos problemas con eso de tirarnos al suelo. Y respirar ahora sí, ahora no durante horas y horas. A los hombres en cuanto les dijeran: “Vamos a hacer ejercicios de relajación”, se sentarían en una mesa y sacarían el dominó:
– ¡Venga, pito doble!

Una pregunta: con la tripa que tienen ya algunos hombres, ¿cómo se les pondrá cuando estén embarazados de treinta y dos semanas? Como un dirigible. Más de uno en vez de romper aguas, romperán cerveza.

Otra: ¿se moverá el niño más en el vientre del hombre? Seguro que sí, sobre todo cuando se pongan a roncar. ¿Cómo va a saber el niño que tiene que hacer tsk, tsk, tsk, para detener el terremoto?

Y una última pregunta: ¿qué harán los hombres cuando sientan las pataditas del bebé? Las mujeres nos emocionamos y decimos: “Mira, mira, se ha movido.” Ellos directamente cantarán el gol: “¡Gol! ¡Gol de mi chico!”.

Y, en vez de ponerle música clásica para que el niño salga más inteligente, pondrán el Carrusel Deportivo:
– Es que así se relaja el niño, es oír el gol en Las Gaunas y se queda como una malva. ¡Esto sí que es un clásico!

Una de las cosas que más cambiaría sería el cochecito. Nosotras, que somos más prácticas, el único accesorio que le ponemos es una sombrilla, por si hace sol. Los hombres no soportarían comprarse algo que incluyese la palabra “coche” sin llenarlo de chorradas. Seguro que los venderían en los concesionarios. Se pondrían insoportables: – El mío tiene radio extraíble, es descapotable y lleva llantas de aluminio, y un alerón… No habría ningún cochecito sin alerón. Luego habrías que verles, picándose en el paseo y haciendo adelantamientos, y el pobre niño con cara de velocidad.

Y el colmo: si a los hombres ya no hay quien les soporte cuando se ponen a contar su mili en plan fantasma… para aguantarlos contando el parto:
– ¡Bufff! Lo mío sí que fue un parto con dolor. Se había acabado la epidural, la matrona y el médico sentados encima de la tripa porque llevábamos cinco horas y nada. El niño intentándolo hacia arriba, que ya estaban pensando en sacármelo por la boca. ¡Todos atacaos! Y yo: “Tranquilos; a ver, dame la tijera que me voy a hacer la cesárea…”. Tras, tras, unas puntaditas… y así que salí andando del quirófano, con mi niño en brazos, que se quedaron alucinaos.

En fin, que pensándolo bien, prefiero parir a mi hijo antes que tener que aguantar a un hombre embarazado.

Fuente: El Club de la Comedia

En La Peluqueria…..(monologo)

 

¿Se imaginan que van a por el periódico y dicen:_ ¿Me da el País?

Y el quiosquero les contesta:

_ No, le voy a dar el supertele… y este paquete de chicles de menta.

O que cogen un taxi:

_ A la plaza de las Ventas, por favor.

Y el taxista les diga:

_ No, le voy a llevar al Santiago Bernabeu, que a usted le pega ser del Madrid.

¡Pues eso es una peluquería! Un sitio donde pides una cosa, y el peluquero hace lo que le da la gana. Por esta razón, lo 1º que haces cuando sales de la peluquería es buscar un espejo y ponerte el pelo “a tu manera”. Y digo yo, entonces ¿para qué vas?

Yo creo que la peluquería es un sitio del que hay que desconfiar, porque todo te lo hacen por la espalda. Es curioso: engordas, te deprimes, estás celosa, y en vez de fugarte con Pierce Brosnan que es lo que deberíamos hacer todas, te vas a la peluquería y le dices al peluquero:

_Córteme el pelo por aquí. Quiero un cambio de imagen radical.

Y ya lo creo que te cambia la imagen. Te deja como si hubieras metido la cabeza en una freidora. Te ves tan horrible que se te olvida la depresión que tenías, y te agarras otra. O sea, que en la peluquería no te quitan la depresión, simplemente te la cambian de sitio.

Y de ahí su éxito. En una peluquería, a los cinco minutos ya te han convertido en un adefesio, para que se te olviden las penas que traías.

Te ves sentada enfrente de un espejo, en babero, embadurnada, con chorretones de tinte resbalándote lentamente por la cara colorada, la cabeza envuelta en papel albal y oliendo a huevo podrido. Y piensas: “Sólo falta que me salga un alien de la tripa, joder”.

Estás hecho un espantajo, y es el momento en que la peluquera se aprovecha de ti para ponerte todavía más potingues. La técnica utilizada es la siguiente: primero, un poco de peloteo:

_ Tienes una pestaña preciosa.

_ ¿Ah sí? Muchas gracias.

Y luego te mete la cuña:

_ Si, son preciosas, lástima que…

_ ¿Lástima que qué?????

_ Que tengas el pelo tan pobre y apagado.

_ ¿Pobre y apagado? ¡Qué horror! ¿Y qué puedo hacer?

Y entonces te la coloca:

_ Pues mira, por sólo diecisiete mil pesetas, te voy a poner un tratamiento de colágeno de placenta de foca que verás cómo te quedas.

¡Diecisiete mil pesetas! Te dan ganas de decirle: “Oye, ¿y por qué no me estropeas las pestañas, que me saldría más barato?”

Pero eres incapaz de negarte. Yo creo que con tanto olor a laca, te pillas un colocón de miedo, y por eso dices a todo que sí:

_ Te voy a hacer unas mechas.

Y tú:

_Vale.

¡Desde luego hay que ver que obsesión tienen todas las peluqueras con hacerte mechas! Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que una mujer entre en una peluquería y no salga rubia con mechas. Aunque sea rubia, también sale rubia con mechas.

Que esto es otro truco de las peluquerías para hacerte clienta de por vida. Una vez que te tiñes, ya estás condenada a seguir acudiendo de por vida, para no desteñirte, porque en las peluquerías nada es permanente, ni siquiera la permanente es permanente.

A veces vas a la peluquería con un recorte de una revista para que te corten el pelo como a Meg Ryan. En realidad no quieres el pelo de Meg Ryan, quieres la cara de Meg Ryan, el cuerpo de Meg Ryan, el dinero de Meg Ryan… y entonces las peluqueras se tienen que buscar la vida para explicarte que, con esos cuatro pelos cabreados que te quedan, y que además te nacen en la coronilla, es imposible lograr un flequillo espeso, y que lo más que pueden hacerte es el moño de Betty Misiego.

Y lo que les gusta la tijera, oye. Les dices: “córtame sólo las puntas” y a la que te descuidas tu preciosa melena larga, que te ha costado ni se sabe tenerla así de larga, se queda en una melenita corta.

Pero lo peor es cuando la peluquera termina contigo y te miras al espejo. Te ves rara, como con cara de asustada, y vuelves a casa escondiéndote en los portales, para que no te vea nadie conocido. Y como necesitas que alguien te diga que te queda bien, le preguntas a tu marido:

_ Cariño, ¿te gusta?

_¿Qué es lo que me tiene que gustar?

_ Pues el pelo.

_ Ah, el pelo. Sí, sí, estás muy guapa… ¿Y cómo lo llevabas antes?

_ Pues era skin head, no te jode. ¿Y tú? ¿Cómo llevabas antes el pelo? Antes por lo menos llevabas…

Total, que al final, tanto esfuerzo para nada. Porque él nunca lo nota… ¿Saben lo que pienso hacer la próxima vez que me encuentre un poco depre y me entren ganas de meterme en una peluquería? Pues fugarme con Pierce Brosnan, a ver si de eso se da cuenta mi marido.

Fuente: Historias de Humor del club de la Comedia.

Monologo……Baños Publicos de Mujeres

Mi mamá era una fanática de los baños públicos. De chiquita me llevaba al baño, me enseñaba a limpiar la tabla del inodoro con papel higiénico y luego ponía tiras de papel cuidadosamente en el perímetro de la taza.
Finalmente me instruía: “Nunca, nunca te sientes en un baño publico” Y luego me mostraba “la posición” que consiste en balancearte sobre el inodoro en una posición de sentarse sin que tu cuerpo haga contacto con la taza. Eso fue hace mucho tiempo. Pero aun hoy en nuestros añosmás maduros, “la posición” es dolorosamente difícil de mantener cuando tu vejiga está que revienta.
Cuando “tienes que ir” a un baño publico, te encuentras con una cola de mujeres que te hace pensar que los calzones de Brad Pitt están a la venta y a mitad de precio. Así que esperas pacientemente y sonríes amablemente a las demás mujeres que también están discretamentecruzando las piernas.
Finalmente te toca tu turno. Verificas cada cubículo por debajo para ver si no hay piernas. Todos están ocupados. Finalmente uno se abre y te lanzas casi tirando a la persona que va saliendo. Entras y te das cuenta que el picaporte no funciona (nunca funciona); no importa…
Cuelgas tu bolso del gancho que hay en la puerta, y si no hay gancho (nunca hay gancho), te lo cuelgas del cuello mientras miras como se balancea debajo tuyo, sin contar que te desnuca la correa que te colgaste al cuello,porque el bolso está lleno de mierdas que fuistetirando adentro – la mayoría de las cuales no usas, pero que las tienes por si acaso -.
Pero volviendo a la puerta… como no tenía picaporte, solo tienes la opción de sostenerla con una mano, mientras que con la otra de un tirón te bajas las bragas y tomas “la posición”… Alivio…… AAhhhhhh….. Mas alivio… Ahí es cuando tus muslos empiezan a temblar….
Te encantaría sentarte, pero no tuviste tiempo de limpiar la taza ni la cubriste con papel, así que te quedas en “la posición” mientras tus piernas tiemblan tan fuerte que registrarían 8 en la escala de Richter, sin contar la salpicada finiiiiiita del chorro se que pega en la loza y que¡¡¡te moja hasta las medias!!! ¡¡¡que seguramente se va a notar!!!
Para alejar tu mente de esa desgracia, buscas el rollo de papel higiénico, peroooo, joooooder…! el rollo esta vacío…!. Tus piernas tiemblan cada vez más. Recuerdas el pedacito de papel con elque te limpiaste hace un rato la nariz. Eso tendrá que ser suficiente.Lo arrugas de la manera mas esponjada posible. Pero es más pequeño que la uña de tu dedo y encima todavía esta mojado de moco…
En eso, alguien empuja la puerta de tu baño y como el cerrojo no funciona recibes tremendo viandazo en la cabeza. Les gritas caliente:¡¡¡ OCUPADOOOO !!!”, mientras continúas empujado la puerta con tu mano libre y el pedacito de kleenex que tenías en la mano se te cae exactamente en un charquito que hay en el suelo y no estás segura si es agua o meao…. y te vas de espalda y te caes sentada en el inodoro.
Te levantas rápidamente, pero ya es demasiado tarde, tu culo ya entró en contacto con todos los gérmenes y formas de vida del asiento porque TU nunca lo cubriste con papel higiénico, que de todos modos no había, aún cuando hubieras tenido tiempo de hacerlo.
Sin contar el golpe en la cabeza, el desnuque con la correa del bolso, la salpicada del chorro en las piernas y en las medias, la que te conté, que todavía esta mojada… el recuerdo de tu mamá que estaría avergonzadísima de ti, si supiera; porque su culo nunca toco el asiento de un baño publico, porque francamente, “tu no sabes qué clase de enfermedades podrías agarrar ahí”.
Pero la debacle no termina ahí… ahora el sensor automático del baño está tan confundido que suelta el agua como si fuera una fuente y manda todo al colector con tal fuerza que te tienes que agarrar del tubo que sostiene el papel de baño (cuando hay) por miedo a que te vaya a chupar y vayas a aparecer en la China.
Aquí es cuando finalmente te rindes. Estás empapada por el agua que salió del baño como fuente. Estás exhausta. Tratas de limpiarte con un celofán de uno chicles Adams; luego sales inconspicuamente al lavamanos. No sabes cómofuncionan con los sensores automáticos así que te limpias las manos con saliva, te las secas con una toalla de papel y sales pasando junto a la línea de mujeres que aun están esperando con las piernas cruzadas y en estos momentos eres incapaz de sonreír cortésmente.
Un alma caritativa al final de la línea te dice que vas arrastrando un trozo de papel higiénico (pegado a tu zapato) ¡¡ del largo del río Mississippi…!!…Arrancas el papel del zapato, lo depositas rudamente en la mano del alma caritativa que te dijo que lo traías pegado y le dicessuavemente: ¡¡¡ Toma… puedes necesitarlo…!!!” y sales.
En este momento ves a tu chico que ha entrado, usado y salido del baño de hombres y que tuvo tiempo de sobra para leer Guerra y Paz mientras te esperaba. “¿Por qué tardaste tanto?” te pregunta azorado. Aquí es cuando le das una patada en los huevos y lo mandas a tomar por el culo.
Esto esta dedicado a las mujeres de todas partes que han tenido que usar un baño público.

Fuente: http://princess8i8.blogspot.com/2007/10/monologobaos-publicos-de-mujeres.html

Monologo: La Higiene

¿Han observado la cantidad de tonterías que se han inventado últimamente con el rollo de la higiene? Ahora ya no basta con lavarse con agüita y jabón. Ahora hay que ponerse desodorante, body milk, sales de baño, ¡hurgarse las orejas con bastones! Hasta ponerse una tirita en la nariz para arrancarse los puntos negros… Que digo yo: ¿eso no es racismo? Y es que no hay límites. El otro día voy a comprarme un cepillo de dientes y me dice el dependiente:

– ¿Cómo lo quiere, con cabezal basculante, con las cerdas redondeadas, con el mango flexible?

¡Coño, yo sólo quiero un cepillo! ¿Y el hilo dental? Otra tonterÍa. De toda la vida, cuando tenías algo entre los dientes te lo limpiabas con el carnet de identidad…. o con la capucha del boli Bic. Y no acaba ahí la cosa, ahora, después de lavarte los dientes ya no vale enjuagarte con agua, ahora te tienes que enjuagar con ese líquido verde, que me han dicho que se llama colutorio es para la boca?

Porque con tanto potingue es muy fácil equivocarse. Piensen en los desodorantes: hay desodorantes para la boca, desodorante para los sobacos, desodorantes para los pies. Anda que si te descuidas y te pones el de los pies en la boca… Te olería la boca a pies. A pies limpios, pero a pies.

Y es que la higiene es como la droga, te metes, te metes y cada vez necesitas más. Ya no basta con quitar la mierda que se ve, ahora hay que meterse dentro de la piel y atacar a las bacterias. Antes le preguntabas a una señora qué era una bacteria y se creía que “la bacteria” era el mote de una vecina. Ahora cualquier madre sabe que tiene que limpiar a su niño por dentro hasta dejarle los intestinos tan limpios de bacterias como el inodoro. Porque resulta que tenemos hasta flora en los intestinos. Que hasta aquí hemos llegado. ¿Flora, yo? ¡Con lo que yo como! Yo, si acaso, tendré fauna.

Lo que digo es que ya no basta con estar limpios, hay que estar higiénicamente limpios. ¿Y quien la culpa de esto? ¡Pues las tías! ¡La higiene ha sido siempre una cosa femenina! ¿Que no? La prueba es que existe el “baño María”. Pero ¿alguien ha oído hablar del “baño José”? Porque la tía domina el cuarto de baño, allí está en su territorio: no hay más que ver cómo se hace el turbante ese con la toalla cuando sale de la ducha, que piensas: “Colega , estás delante de la reina de Saba”. Me pregunto dónde aprenderán a hacerse ese gorro tan perfecto. Yo lo he intentado y parezco Jomeini. Y luego se envuelven el cuerpo en otra toalla. Que ésa es otra…. ¿Cómo coño se sujetan las tías esa toalla para que no se les baje ni un milímetro?

No nos engañemos, nosotros no encontramos incómodos en el cuarto de baño. Porque el hombre, por mucho que se le hable de los limones del Caribe, si se moja, se encoge. Se encoge todo. A ellas, en cambio, hasta parece que les crecen las tetas. Las mujeres están tan a gusto en el cuarto de baño que cuando terminan de ducharse, en realidad sólo acaban de empezar. Me explico.

El otro día me estuve fijando y mi chica tiene un montón de botes. Y se los pone todos: la mascarilla del pelo, el acondicionador, la crema reafirmante, la anticelulítica, la hidratante, la leche corporal, el Cola-Cao…..Todo lo que pilla. Y cuando crees que ya ha acabado, vas al baño y le dices:
-Pero , ¿todavía ahí?
Y te suelta:
-Si, ahora me estoy quitando las pieles muertas.
¡Las pieles muertas! ¡Las mujeres tienen pieles muertas! ¿Pero con quién acabo yo de echar un kiki, con el lagarto de V? Y ésa no es la piel más rara de las mujeres, también tienen piel de naranja. Por eso las mujeres se lavan a la piedra, como los vaqueros. A la piedra pómez. Que alguno pensará: ¿Quién será el tal Pómez?. Pues muy fácil, ¡el único tío que se pasa a todas las tías por la piedra! ¿Que no?

Las mujeres se lavan tan a fondo que hasta se compran unas bolsas enormes de algodones de colores en bolitas. ¿Para qué? ¡Pues para hacerse la prueba del algodón! Y luego hay que depilarse… Esto a mí ya me da miedo. El otro día entré en casa y oí:
– Ah, ahhh….
Estuve a punto de coger el trabuco. Pero sólo se estaba depilando.

Entre unas cosas y otras resulta más barato invitarlas a cenar que se laven. Eso sí, cuando salen están perfectas, felices, guapísimas y te dicen:
– ¡Venga, ahora tú!
Y aquí empieza el ritual higiénico masculino: de entrada nos miramos en el espejo y hacemos posturitas, escondemos la barriga, nos miramos la pilila…. ¿Es higiénico? No, pero nos gusta. Y si en ese momento entra ella, para disimular, le enseñamos la pilila y hacemos “el elefante”. Pero ella, sin inmutarse, te dice:
– Perdona, chato, no llevo las lentillas. Entonces nos metemos en la ducha y mientras nos estamos enjabonando… meamos ¿Es higiénico? No, pero nos gusta. Además esto tiene su explicación, los tíos meamos para marcar territorio, como los perros, y para demostrar que aunque nos duchemos, no nos estamos afeminando.

Cuando salimos de la ducha nos miramos en el espejo el champiñón, para ver cómo ha encogido, y piensas en lo que deben de pensar tus compañeros cuando te duchas en el gimnasio. Así es que te la tocas un poquito hasta que se recupera, buscas a tu chica y le vuelves a hacer “el elefante”. Como ya se ha puesto las lentillas, te contesta:
– ¿Pero tú estás tonto o qué? ¿Te quieres dar prisa?

Y para hacerle caso, agarras los gallumbos del día anterior, te los pones y sales corriendo del cuarto de baño. ¿Es higiénico? No, pero nos gusta.

Fuente: El Club de la Comedia

Ella Te Quiere Como Amigo

Hasta ahora pensaba que la peor frase que te puede decir una tía es:

“Tenemos que hablar…”

Pero no, la peor frase que te pueden decir es:

“yo también te quiero… pero solo como amigo”

Eso significa que para ella tú eres el mas simpático del mundo, el que mejor la escucha, el mas enrollado… pero que no va a salir contigo.

Va a salir con un impresentable que sólo quiere acostarse con ella.

Eso sí, cuando el otro le haga una putada, te llamará a ti para pedirte consejo.

Es como si vas a buscar trabajo y te dicen: “Señor Gutierrez, es usted la persona idónea para el puesto, el que mejor vitae tiene, el más preparado… pero no le vamos a contratar. Vamos a coger a un incompetente. Eso sí, cuando la cague,¿le podríamos llamar a usted para que nos saque del lío?”

Me pregunto, ¿qué he hecho mal?. Hemos ido al cine, nos hemos reído, hemos pasado horas tomando café… ¿A partir de qué café nos hicimos amigos?, ¿del quinto? ¿del sexto? Joder, eso se avisa. ¡uno menos, y ahora me estaría acostando con ella!

Para ellas un amigo se rige por las mismas normas que un Tampax:

Puedes ir a la piscina con él, montar a caballo, bailar… lo único que no puedes hacer con él es tener relaciones sexuales.

Es que si lo piensas… si para una tía considerarte “su amigo” consiste en arruinar tu vida sexual, ¿Qué hará con sus enemigos?, a mi me parece muy bien que seamos amigos, lo que no entiendo es por qué no podemos “follar como amigos”.

Yo creo que la amistad entre hombre y mujeres no existe, porque si existiera, se sabría.

Lo que ocurre es que cuando ella te dice que te quiere sólo como amigo, para ella significa eso y punto. Pero para ti no. Para ti significa que si una noche estáis en la playa, ella se emborracha, hay luna llena, se han alineado los planetas y un meteorito amenaza la Tierra… ¡A lo mejor consigues enrollarte con ella!

Por eso tragas, porque nunca pierdes la esperanza. ¿Qué se lía con Oscar?, pues ya romperá… cuando lo hace, tú atacas con la técnica de “consolador”: “No llores, el Oscar ese es un chulo. Tú te mereces algo mejor, un tío que te comprenda, un tío que sepa estar ahí cuando lo necesitas… que sea bajito, que sea castaño, que no sea muy guapo, que se llame Javier… como yo”.

Al menos, siendo amigo puedes meter cizaña para eliminar competencia.

Es la técnica del “gusano miserable”. Cuando ella te dice:

  • Ay, que majo es Paco, ¿verdad?
  • ¿Paco? Es muy majo, sí… un poco bizco.
  • No es bizco, lo que pasa es que tiene una mirada muy tierna.
  • Sí, en eso tienes razón, me fijé el otro día, cuando miraba a Marta.
  • No la miraba a ella, me miraba a mí.
  • ¿Ves como es bizco?

El colmo es que las tías consideran que tienen una relación “superespecial” con un tío cuando pueden dormir con él en la misma cama y que no pase nada.

Pero bueno, ¿lo “superespecial” no sería que sí pasara algo?

Un día después de una fiesta, te quedas ayudándola a recoger, como haces siempre, y cuando acabáis, ella dice:

  • Huy, es muy tarde, ¿por qué no te quedas a dormir?
  • ¿Y donde duermo?
  • Pues en mi cama.

A ti te tiemblan las piernas: “¡Ésta es mi noche, se han alineado los planetas!”.

Al rato te das cuenta de que no son precisamente los planetas los que se han alineado, porque ella, como sois amigos, con toda la confianza, se que queda en camiseta y bragas, y tú, visto lo visto piensas: “Me voy a tener que quedar en calzoncillos… con la alineación de planetas que llevo encima”.

Así es que te metes en la cama de un brinco y doblas las rodillas para disimular. Ella se mete, te pega el culo y te dice: “Hasta mañana”.

¡Y se duerme! “Pero bueno, ¿cómo se ha podido dormir tan pronto? ¿Pero esta tía no reza ni nada?”.

¡Estas acostado con la tía que te gusta!. Al principio no te atreves a moverte, para no tocar nada. Sabes que si en ese momento hicieran un concurso, nadie podría ganarte: eres el tío mas caliente del mundo.

¡Y que larga se te hace la noche!. Te vienen a la cabeza un montón de preguntas:

“¿Tocar una teta con el hombro será de mal amigo? ¿Y si es la teta la que me toca a mí?”.

Pero después de muchas horas ya sólo te haces una pregunta:

“¿Seré realmente gilipollas?”

No puedes creer que estéis en la misma cama y no vaya a pasar nada.

Confías en que en cualquier momento se dé la vuelta y te diga: “Venga tonto, que ya has sufrido bastante, ¡hazme tuya!”. Pero no. A las tías nunca les parece que hayas sufrido bastante. Y mira que sufres…

Porque tienes toda la sangre del cuerpo acumulada en el mismo sitio. Se han dado casos de hombres que han llegado a reventar.

Pero ahí no termina tu humillación. A las siete de la mañana suena el timbre de la puerta:

  • ¡Ay, es Oscar!
  • ¿Oscar? ¿Pero no le habías dejado?
  • Ya te contaré, que ahora tengo prisa. Se me olvidó decirte que iba a traer su perro, porque como nos vamos a Baqueira, yo le dije que el perro mejor que contigo no iba a estar con nadie.

Y para colmo cuando entra Oscar te dice:

  • ¿Eres tu su amigo?. Tienes mala cara, ¿has dormido bien?

Así que al final te quedas con el perro, que ése sí que es el mejor amigo del hombre.

Fuente: http://www.reuneme.com/foros/leer/783

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